La Gaia by Óscar Molina, presenta una propuesta gastronómica de alto nivel, galardonada con una estrella Michelin y dos Soles Repsol, ubicado en el Ibiza Gran Hotel, un establecimiento de 5 estrellas Grand Luxe que representa un ideal de excelencia y busca una conexión profunda con su entorno. La reforma parte de las raíces de la isla. Para ello, se combinan varios elementos que equilibran la arquitectura tradicional con un aire cosmopolita, adecuado para un edificio de clara estética urbana. Han depurado las distintas capas añadidas a lo largo de los años, manteniendo y rescatando materiales, elementos y superficies que conservan la esencia original del hotel, pero adaptándolos a la nueva imagen solicitada por el cliente. Tal como nos cuenta Sandra Tarruella, para dotar al restaurante de un carácter más definido y enmarcar la cocina en este amplio espacio, se optó por una composición de arcos inspirados en las iglesias ibicencas y la arquitectura popular. Esta solución permitió esconder los pilares dentro de los arcos y, al mismo tiempo, subdividir el espacio, creando subespacios y rincones especiales sin perder la visión global ni la experiencia culinaria que propone La Gaia, un recorrido que transcurre por diferentes puntos dentro del local. El objetivo del estudio fue crear un restaurante a la medida de su propuesta gastronómica, traduciendo en materiales y espacio lo que el chef quería ofrecer. Así, se inspiraron en la arquitectura tradicional ibicenca, caracterizada por su sencillez, elegancia y luminosidad, con muros gruesos, porches abovedados y arcos de medio punto, tan presentes en la isla. Se emplearon materiales naturales y locales, y paredes blancas que reflejan la luz solar, transmitiendo pureza y serenidad.
El proyecto de interiorismo traduce estos momentos en un espacio dinámico. Los gruesos muros con grandes arcos de revoco de cal separan la sala y crean rincones que ofrecen privacidad a las mesas. En el centro del local, justo frente a la entrada, se ha situado una barra con formas orgánicas y revestimiento continuo, que corresponde al primer punto de la degustación. En uno de los laterales, frente a la cocina vista, se encuentran dos barras con un diseño más sólido y revestidas en piedra natural, que sirven como segundo punto del recorrido y como pase de platos a las mesas. Como telón de fondo para estas cocinas abiertas, se recuperó una instalación artística del antiguo restaurante: las medusas de la artista danesa Katrin Kirk. En el lado opuesto a la cocina, uno de los arcos delimita la zona del reservado, donde destaca una gran mesa escultórica de madera, iluminada por una lámpara colgante. El suelo está cubierto por una alfombra formada por piezas de piedra natural que crean un patrón armonioso. Las demás mesas se distribuyen de forma irregular entre los rincones que forman las arcadas, y se acompañan de gueridones de distintas formas según su ubicación. Para las fachadas se han elegido paneles de fibras naturales, materiales muy presentes en la artesanía popular ibicenca.