Ubicado junto al restaurante La Gaia, el bar Musa es uno de los nuevos espacios reformados en el Ibiza Gran Hotel. Concebido como un lugar versátil, funciona como bar de cócteles y espacio gastronómico informal, ideal para alargar la velada o disfrutar de una copa en un ambiente elegante pero relajado. Situado en el lobby del hotel, está separado del mismo por una celosía metálica que permite ver lo que sucede en el interior.
El equipo de Sandra Tarruella Interioristas, recupera una instalación artística de fotos que anteriormente estaban en la zona de acceso a La Gaia, unas fotos de gran valor del artista Tony Keeler, fotógrafo americano que residió en Ibiza en los años 70. Estas fotografías ofrecen imágenes de los hippies y campesinos de la época en feliz armonía, captan la esencia de ese período de efervescencia, marcado por la experimentación, la libertad, el encuentro intercultural y la transformación social.
Estas imágenes inspiraron un espacio que mezcla referencias nostálgicas con una estética actual, utilizando materiales naturales, formas suaves y una atmósfera cálida. El bar se organiza alrededor de bancos curvos de obra, acompañados de cojines con estampados étnicos y butacas tapizadas en cuero, que crean un ambiente informal pero sofisticado. El elemento central es la barra, revestida en latón y rematada con lámparas escultóricas, que aportan un toque nocturno y glamuroso. Se han diseñado bancos de formas orgánicas y una gama cromática y materiales que también referencia la Ibiza de esa época; todo ello en contraste con una barra más sofisticada que le da el toque elegante y nocturno que precisa un hotel de esta categoría, y que facilita el buen funcionamiento del local en las distintas horas y usos requeridos. Encima de esta barra, un juego de lámparas crea unos volúmenes lumínicos que se complementan con las formas cilíndricas de la trasbarra revestida en latón, dónde se expone toda la botellería del bar.
Estos dos grandes bancos corridos de obra con formas redondeadas zonifican los espacios destinados a las mesas sin crear una barrera divisoria visual, y se rematan con colchonetas en colores neutros y cojines decorativos con estampados étnicos, que nos remiten también a los hippies que se pueden ver en las fotografías. Estos bancos se combinan con butacas tapizadas en dos tonalidades de cuero y mesas de una altura intermedia para tener un ambiente más distendido. En el pavimento se dibujan dos grandes alfombras realizadas con pequeñas teselas de tres tipos de piedras naturales, que también zonifican y dan un toque de color al espacio, a la vez que aportan unos patterns que enriquecen el conjunto sin recargarlo. Son unas alfombras que se adecúan a la gama cromática y materialidad del local, además de cumplir con todos los requisitos a nivel funcional que demanda un espacio de esta versatilidad. Además, el techo se hace muy presente al tener continuidad con la pared mediante un encuentro en curva a lo largo de todo el local, un gesto que sigue las formas orgánicas del resto de elementos de este espacio. Todos estos elementos se combinan creando un espacio elegante y sofisticado, a la vez que distendido y acogedor.