El Parador de Cuenca reabre con un proyecto de interiorismo de CIDON que redefine el antiguo convento de San Pablo a través de una mirada contemporánea, respetuosa y profundamente sensorial. La intervención transforma el legado monástico en un espacio de hospitalidad sobria y elegante, en íntima sintonía con el patrimonio arquitectónico y el paisaje de la Hoz del Huécar. Durante dos meses de trabajo, el interior del edificio ha sido renovado por completo, incorporando nuevo equipamiento y un diseño que conserva la esencia del convento a la vez que ofrece al viajero una experiencia actual.
Uno de los rasgos más distintivos del proyecto es la personalización de cada habitación, un diseño artesanal estancia por estancia. En lugar de recurrir a un patrón uniforme, CIDON ha trabajado cada estancia como una pieza única, adaptada a su forma, orientación y carácter arquitectónico. Esta aproximación artesanal genera una experiencia diferenciada, que invita al huésped a sentirse parte del espacio en armonía con la sobriedad monacal original. El claustro, la antigua capilla y las vistas al cañón del Huécar articulan el nuevo relato espacial. El restaurante y la cafetería, ubicados en la capilla, junto con el claustro acristalado y la piscina exterior, se han reinterpretado mediante un tratamiento sutil de la luz, el mobiliario y los materiales. Maderas naturales, textiles en tonos neutros y carpinterías a medida conviven con piezas de diseño actual, creando un delicado equilibrio entre pasado y presente. El nuevo Parador propone un lujo silencioso, alejado de lo ostentoso: aquel que se descubre en la textura de la piedra, en la calidez de la madera o en la luz natural que recorre los espacios. El trabajo de CIDON convierte el edificio en un destino donde interiorismo, patrimonio y naturaleza se funden en una experiencia estética, funcional y profundamente emocional.