Un nuevo hotel situado en la emblemática calle de las Mercedes que reinterpreta la herencia arquitectónica de la Ciudad Colonial y ofrece un espacio público interior integrado en el tejido urbano. El gran desafío del proyecto fue insertar un edificio hotelero de carácter contemporáneo en un entramado urbano sensible, marcado por edificaciones de una o dos alturas y un lenguaje arquitectónico del siglo XVIII. Se trataba de responder a las exigencias funcionales de un hotel de 130 habitaciones y más de 6.300 m² construidos, sin desvirtuar la escala ni el espíritu del lugar. El corazón del conjunto es su patio central, cuya preservación y ampliación durante la obra constituyeron otro de los principales retos. Mantener la presencia de árboles maduros y especies locales permitió convertirlo en un auténtico oasis verde, donde arquitectura y naturaleza se entrelazan. Las galerías abiertas que lo rodean garantizan ventilación cruzada y luz natural, extendiendo esa atmósfera de frescura hacia los nueve patios del hotel. Conciliar la conservación patrimonial con una propuesta arquitectónica actual y sostenible fue el eje del trabajo. El reto no fue únicamente urbano, sino también técnico: diseñar un volumen contemporáneo que dialogara con la escala colonial, respetar los espacios interiores preexistentes y, al mismo tiempo, ofrecer una experiencia de hospitalidad adaptada a las necesidades del viajero de hoy.
El proyecto se concibió como un ejercicio de equilibrio entre lo histórico y lo contemporáneo. La parcela permitió aprovechar la topografía de las calles para generar accesos en distintas cotas y soterrar buena parte de las instalaciones y servicios. Las nuevas fachadas se retranquearon respecto a la alineación original, una decisión que protege la escala del centro histórico y evita cualquier impacto visual excesivo. Las habitaciones, todas con amplios balcones, se organizan en torno a nueve patios interiores donde la vegetación es protagonista. Con la intervención se consiguió crear un nuevo espacio público interior abierto a la ciudad, potenciar la relación entre arquitectura y naturaleza, y garantizar la sostenibilidad a largo plazo. El patio central, núcleo del proyecto, se mantuvo y amplió como pieza clave de la estructura original. Hoy es un oasis verde que actúa como refugio climático en el tejido urbano, pero también como lugar de intercambio y encuentro, tanto para huéspedes como para la comunidad. Los restaurantes y bares dialogan con la vida de las calles adyacentes, integrando al hotel como parte activa del día a día de la ciudad. El interiorismo refuerza esa conexión entre tradición y modernidad. La selección de materiales responde a criterios de identidad local y sostenibilidad: suelos de travertino dominicano, galerías con bovedilla cerámica y estructuras de madera evocan la arquitectura histórica, reduciendo a su vez la huella de carbono. La luz y el clima tropical fueron considerados como elementos centrales del diseño: celosías cerámicas en balcones, lamas horizontales en galerías y mamparas cerámicas en los huecos de habitaciones permiten controlar el asoleo y asegurar el confort térmico. El edificio no solo dialoga con su contexto patrimonial, sino que también establece un compromiso con el futuro: sistemas de recogida de aguas pluviales, cisternas, paneles solares, climatización mediante aerotermia y domótica convierten al hotel en un modelo de arquitectura responsable, donde diseño, interiorismo y sostenibilidad convergen en una propuesta única para la Ciudad Colonial.
El programa incluye 130 habitaciones organizadas en torno a nueve patios con vegetación, la mayoría con balcón privado, de las cuales 13 son suites con terrazas y jacuzzi privado. Alrededor se disponen galerías abiertas que favorecen la ventilación cruzada y la vida tropical. Las habitaciones se ubican en el edificio de nueva construcción, en armonía con la parte rehabilitada. Las galerías que rodean los patios actúan como espacios de transición, protegidas por lamas horizontales y verticales, aportando transparencia y fluidez, control solar y ventilación natural, además de reforzar la integración con la tipología colonial. El hotel comprende restaurantes, salones de reuniones, salas de trabajo, salón de eventos para 400 personas, gimnasio, piscina y solárium en la terraza superior con vistas al mar y al casco histórico. Además, se incorporó una sala de fumadores en reconocimiento a la tradición local asociada a los puros.