OKA

Ubicación: Puerto de la Cruz, Tenerife

Fecha de ejecución: 2026

Fotografía: Roger Méndez / Dishot

Cliente: Gran Hotel Taoro

Marcas participantes

Textiles: Güell Lamadrid, Casamance

Iluminación: LZF, Foscarini

Mobiliario: Sillalfaro

Un proyecto que transporta al interiorismo la esencia de la cocina del chef Ricardo Sanz. El lenguaje se aleja de los códigos habituales del interiorismo de los establecimientos de cocina japonesa, asociados a ambientes minimalistas, para explorar también su vertiente más urbana y vibrante. Inspirado en el famoso callejón Omoide Yokocho de Tokio, el proyecto se articula a partir de la dualidad entre lo caótico y lo calmado, lo urbano y lo tradicional, planteando un recorrido espacial que acompaña la experiencia gastronómica y que dialoga con la dualidad entre pasado y presente que también lo vincula con el Gran Hotel Taoro, lugar en el que está ubicado.

El restaurante se organiza en torno a un eje central definido por la propia estructura del local, reinterpretado como un callejón interior que concentra gran parte de la actividad. Este espacio funciona como área de bienvenida, zona de tránsito y escenario gastronómico, integrando la barra de sushi, la exposición de vinos o un pequeño reservado. El pavimento con acabado basáltico, dispuesto en piezas de distintos formatos que enfatizan la dirección del recorrido, se complementa con un gran espejo azul en el techo que amplifica la luz y la percepción vertical, evocando el cielo urbano entre fachadas estrechas. A lo largo del recorrido aparece una falsa fachada inspirada en los pequeños locales del callejón tokiota, compuesta por volúmenes y materiales diversos que construyen una escena dinámica donde cada elemento cumple además una función práctica. 

El acceso al salón principal se produce a través de tres grandes embocaduras inspiradas en los torii japoneses, reinterpretados como un umbral simbólico que conduce a la sala principal. Este espacio recupera la esencia del interiorismo japonés tradicional mediante una paleta de tonos neutros y materiales cálidos, con paredes de textura realizada de forma artesanal en blanco seda y un pavimento de madera inspirado en los tradicionales tatamis. Un techo suspendido de listones de madera integra la iluminación puntual e indirecta, generando un juego de luces y sombras que refuerza el carácter acogedor del ambiente. La decoración se completa con una serie de fotografías del lugar en el que se inspira el proyecto. El interiorismo se plantea así como un diálogo entre dos imaginarios complementarios de Japón: la energía y densidad de su paisaje urbano frente a la serenidad de sus espacios tradicionales.

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