GRAN CAFÉ SANTANDER

La antigua Cafetería Santander se convierte en el Gran Café Santander.

Después del cierre de la mítica Cafetería Santander, con 52 años de recorrido detrás de sí y siendo un lugar icónico de Madrid, el estudio de Sandra Tarruella ha sabido mantener la esencia de la antigua cafetería en este nuevo proyecto, revisándola y poniéndola al día, convirtiéndose ahora en el Gran Café Santander.

En este proyecto de reforma de un local emblemático de Madrid, Se ha buscado que la primera impresión de los clientes les recuerde al ambiente del antiguo café, manteniendo guiños a la estética de los años 70. El espacio tiene forma de “L”, abierto a dos grandes fachadas de bloque de piedra y grandes ventanales con carpinterías de hierro, que se pliegan y se abren al exterior convirtiéndose en un aparador. Todos los huecos de fachada se diseñan en vidrio, a toda la altura posible, para permitir la máxima entrada de luz, y se visten con toldos en color caldera, como referencia al antiguo rótulo que no pudo mantenerse por normativa.

Vista de una de las fachadas del edificio

Por delante de estos huecos en la fachada, se diseñan bancos de piel con respaldos ligeros para no mermar la vista del movimiento de gente en el interior. En frente, siendo la zona más estrecha del local se desmonta la barra existente y se construye de nuevo, manteniendo la ubicación y respetando el aspecto retro de la anterior. Esta nueva barra se diseña con los extremos redondeados, típicos de esa época, con el sobre en madera de nogal y el frontal de polipiel en color verde oscuro, acompañada por unas lámparas colgantes de cristal y latón; un punto de vida donde los clientes que se sientan en los taburetes conviven con el trajín de los camareros y la exposición de productos sobre ella.

Vista de la entrada y de la barra del local

En la pared de la trasbarra, se ha diseñado una composición de baldosas en verde oliva fabricadas artesanalmente en exclusiva para este proyecto, convirtiéndose en el centro de atención tanto desde el interior del local como desde la calle.

Detalle de la trasbarra y las baldosas

El restaurante está pensado para funcionar durante todo el día; por la mañana se servirán los desayunos, y a las mesas cuadradas de fórmica en la zona de los bancos se les quitará el mantel durante el día. Por la noche se les volverá a poner para dar un ambiente más íntimo y sofisticado. Son muy importantes los materiales que se han escogido, como los revestimientos y los pavimentos que recuerdan a la época: se ha decidido utilizar terrazo en colores neutros en el suelo, y las paredes se han forrado con paneles de fibras naturales y listones de nogal sobre los que se ha colocado como decoración una serie de cuadros monocromáticos.

Vista del suelo y las paredes decoradas

También hay una zona donde unos grandes apliques de brazo que dan luz focal sobre las mesas de nogal ovaladas, con tres grandes bancos hechos con formas curvas forrados en piel testa di moro. La pared del fondo del local se forra con rastreles verticales de nogal, estos recorren los muros existentes en formas curvas y sirven para esconder la puerta del office y la cava de vinos. Estos listones de madera se convierten a su vez en barandilla al bajar a la planta sótano, fusionando así las dos plantas. En la parte central de la sala se quiso crear una zona con mesas redondas para grupos, diferenciándose del resto del local a través del pavimento, donde se diseña una alfombra de mosaicos de piezas pequeñas de mármol blanco y negro. Un baile de lámparas colgantes con formas redondas y detalles de latón decoran y reducen la altura de esta área.

Vista de los bancos, la pared, la alfombra de mosaicos y las lámparas

El elemento más reconocible de la vieja cafetería era su llamativo rótulo iluminado en color naranja, pero fue imposible mantenerlo a causa de la nueva normativa. Para evitar que este desapareciera, se ha restaurado y recolocado en la pared de la escalera que conduce al sótano, donde se encuentra el reservado, la cocina y los aseos.

Detalle del antiguo rótulo restaurado

En el reservado ubicado en la planta sótano, se ha querido crear un ambiente distinto del resto, más oscuro e íntimo. Por ello, se ha proyectado el espacio como una caja entera en azul marino dando textura y rompiendo la homogeneidad con el pavimento de moqueta, una pared de baldosa mate azul marino de Mutina y el resto de las paredes y el techo a tono. Una gran lámpara en forma de móvil de la marca Venicem aporta toques de brillo y luz sobre la gran mesa ovalada de mármol blanco. Unas confortables sillas de madera y piel camel rodean la mesa y le aportan calidez como contrapunto, para que sea un espacio acogedor.

Detalle del comedor del sótano

El reservado se comunica con la cocina de manera sorprendente a través de una gran ventana que permite visualizar en directo la obra de los cocineros, aunque si se quiere dejar intimidad a los comensales se puede cerrar mediante una cortina a juego con el resto de la sala.

Vista de la ventana de la cocina desde la mesa

También se da un guiño a la ciudad de Santander diseñando una maqueta que representa la topógrafa de la costa de la ciudad, aportando luz y sofisticación al reservado. El resto de los espacios, como el vestíbulo delante el reservado y los baños con espacio de tocador, se siguen inspirando en los años 70 de manera elegante. Por ejemplo, los espejos de cantos redondeados, el puf con tela tipo tweed en tonos marrones en el tocador y los apliques estilo retro son guiños a esa época.

Vista del vestíbulo del piso del sótano

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