El reto principal al que se enfrentó el estudio fue el de llevar la luz al interior del local, ya que se trataba de un espacio muy oscuro. El espacio busca que el comensal se sienta dentro de una película de Fellini. El corazón del restaurante es una gran mesa central que actúa como eje vertebrador. Sobre ella, una potente luz cenital blanca emula un oculi (óculo arquitectónico), bañando la mesa de una claridad que contrasta con el resto del local. Mientras la mesa central es brillante, el resto del comedor mantiene una iluminación envolvente, suave y cálida. El espacio utiliza una paleta cromática inspirada en las calles de Roma y Bolonia. Los tonos rojizos y tierra predominan en paredes y mobiliario, aportando calidez y una conexión emocional con la tradición italiana.