Una arrocería informal de 135 m² en la calle Espartería, en el Born de Barcelona, se proyecta desde el respeto absoluto por la arquitectura original del local. El techo de bóveda de arista entre arcos se convierte en el gran envolvente del restaurante y marca la manera de organizar el espacio sin alterar su esencia.
El proyecto oculta los aseos y el backoffice dentro de un volumen de roble a media altura, permitiendo que la lectura de las bóvedas se mantenga limpia y continua. Incluso la salida de humos situada en el centro de la sala se resuelve mediante un espejo que refleja el techo, disimulando su presencia y reforzando la continuidad visual del conjunto.
El interiorismo traduce la propuesta gastronómica de Dani Rueda desde una idea de honestidad, transparencia y respeto por el producto. La cocina vista desdibuja los límites entre comensal y cocina, haciendo que el proceso forme parte de la experiencia y que el espacio exprese la misma naturalidad que la cocina.
La materialidad se trabaja desde una paleta cálida y natural inspirada en las Terres del Ebre. El mortero y la pintura a la cal, la madera de roble macizo, la piedra natural abujardada de la barra y el pavimento de terrazo continuo con árido blanco construyen una atmósfera serena, honesta y próxima al origen del producto.
El arroz también aparece como referencia artística. La ceramista Carme Balada firma una instalación única inspirada en las vainas que protegen el grano de arroz, en diálogo con el mobiliario a medida de roble macizo y con las lámparas de papel suspendidas sobre las mesas de grupo, que evocan la ligereza y la textura del propio grano.
El resultado es un restaurante donde arquitectura, producto y artesanía dialogan de forma contenida. Delta Arrocería Informal convierte las bóvedas originales, la cocina vista, el roble y la cerámica en una experiencia espacial cercana, transparente y profundamente vinculada al arroz.