La antigua Fortaleza de Cap Enderrocat, en Cala Blava-Llucmajor, se rehabilita con el objetivo de conservar tanto sus construcciones militares como el valioso entorno natural en el que se integra. El uso hotelero permite recuperar un conjunto abocado al abandono, el deterioro y el olvido, garantizando su mantenimiento a largo plazo y abriéndolo al público desde una nueva función compatible con su memoria cultural y ambiental.
El principal reto fue adaptar las antiguas instalaciones militares a un hotel sin alterar la lectura del conjunto. La intervención respeta los elementos defensivos existentes, pero elimina su carácter bélico, reforzando una experiencia silenciosa y discreta, coherente con la esencia del enclave. El complejo se integra en el paisaje hasta convertirse en una prolongación del mismo, con terreno, cubiertas y terrazas concebidos como una quinta fachada vegetal que favorece su integración y disfrute.
La organización original del conjunto, formada por fosos secos, baterías en el litoral, edificaciones centralizadas y un patio de armas, se preserva como parte esencial de la experiencia. El acceso a través del puente sobre el foso principal y del zaguán configurado como torre almenada mantiene el carácter representativo de la fortaleza, mientras que los recorridos conectan habitaciones, zonas comunes, restaurantes, piscina, spa, sauna, áreas de masajes, caminos y espacios estanciales exteriores.
El proyecto dota de habitabilidad a espacios concebidos para otro uso, resolviendo desafíos de tamaño, dispersión, humedad y limitaciones patrimoniales. Las instalaciones modernas, como cocinas, climatización, iluminación y comunicaciones, se integran de manera invisible para no alterar la visión de conjunto. La rehabilitación recurre a técnicas y materiales originales, artesanos y canteros locales, piedra autóctona, mobiliario artesanal y tejidos de ikat hechos a mano.
Uno de los aspectos más singulares es la transformación de las antiguas cuevas de vigilancia, que originalmente albergaban ametralladoras, en las tres suites principales del hotel. Su posición privilegiada permite combinar la intimidad de los espacios excavados en la roca con vistas al mar y al paisaje. El resto de habitaciones aprovecha antiguos emplazamientos de cañones, incorporando las plataformas defensivas como terrazas privadas abiertas al litoral.
El spa se sitúa en la antigua zona de almacenamiento de municiones, un espacio originalmente oscuro y utilitario que se transforma mediante la eliminación de tabiques y la incorporación de madera en las áreas de relajación. La piscina se integra a nivel del suelo y se completa con una intervención escultórica de Antonio Obrador, formada por esferas de distintos tamaños que aportan movimiento al patio y establecen un diálogo entre solidez, memoria y vitalidad contemporánea.
La rehabilitación de Hotel Cap Rocat ha recibido distintos reconocimientos por su valor patrimonial y paisajístico, entre ellos el reconocimiento del Fortress Study Group en 2016, el Premio Unión Europea de Patrimonio Cultural y Europa Nostra en 2017, el reconocimiento de Hispania Nostra en 2018 y la Medalla de Oro Fundación Mayte Spínola en 2019 a Antonio Obrador por la singularidad de la intervención.