Erico Navazo se encargó de la renovación del hall de entrada y de las escaleras del Hotel Mediodía, enfrentándose a un espacio cargado de historia y significado dentro del paisaje urbano madrileño. El reto no fue recuperar una imagen pasada de manera literal, sino reinterpretar su esencia para adaptarla a un nuevo tiempo. Desde el estudio se trabajó en una intervención contenida, capaz de mantener la identidad del edificio y su atmósfera original, introduciendo a su vez un lenguaje contemporáneo que mejorara la experiencia del usuario y actualizara la funcionalidad del espacio. El hall se redefine como un espacio de bienvenida contemporáneo, respetando la identidad histórica del edificio y, al mismo tiempo, mejorando su funcionalidad, luminosidad y confort. La intervención buscó equilibrar memoria y actualidad, dotando al hotel de una imagen renovada sin perder su carácter reconocible.
El proyecto se organiza en torno a un mostrador central que articula el espacio. El conjunto se completa con varias zonas de descanso y una pequeña zona de mesas y vending. Al entrar al hotel, nos encontramos con un espacio en el que las esculturas en color negro se realzan sobre un fondo verdoso que envuelve paredes y techo, generando una atmósfera envolvente y elegante. Tras el mostrador central, un papel mural de formas abstractas, sinuosas y vibrantes aporta dinamismo al conjunto. Los detalles en madera de roble, la pared de espejo envejecido y los panelados del mismo material refuerzan la sensación de profundidad y textura. Nuevas lámparas de cristal de Murano en tono ámbar aportan calidez, mientras que la alfombra de escaleras con diseño paisley acompaña el recorrido ascendente por la escalera principal. En el área de descanso, un sofá de líneas suaves y curvas dialoga con una obra de inspiración cubista situada sobre él. Frente a esta composición, una gran consola escultórica en nogal oscuro, coronada por un espejo asimétrico, introduce un contrapunto de carácter y sofisticación.
Al subir las escaleras, el espacio vuelve a envolverse en el tono verdoso que actúa como hilo conductor del proyecto, destacando el gran lucernario emplomado, recuperado del techo original de la época. En los dos núcleos laterales, el ambiente se reviste con un papel de motivos verdes y frutales. Sofás de líneas suaves, aparadores de caoba con mármol rojo y grandes espejos metálicos dialogan con lámparas de cerámica turquesa, configurando un conjunto equilibrado, cálido y con fuerte personalidad.