La reforma nace del deseo de crear un espacio auténtico de descanso, que ofrezca una pausa frente al ritmo acelerado de la vida diaria. Partiendo de un entorno alterado y fragmentado, se buscó restaurar su armonía mediante una arquitectura sensible y discreta, que se integre con la naturaleza para generar una experiencia serena y sin artificios. El proyecto se estructura en dos edificios complementarios que minimizan el impacto del terreno y fomentan una atmósfera equilibrada. Uno está destinado a las áreas de cocina y personal, mientras que el otro, abierto al paisaje gracias a sus ventanas en todas las fachadas, ofrece vistas amplias. En el interior, materiales como la piedra y la madera evocan la tradición local y rinden homenaje al entorno natural.
A cada lado de la construcción se disponen estanques de agua tranquilos que reflejan el cielo y los cambios de color del paisaje, estableciendo una conexión visual con el paso del tiempo y el viento. Un gran ventanal bajo el tejado enmarca el paisaje, mientras que las ventanas laterales permiten la entrada de una luz suave y cambiante según la estación. La combinación de madera cálida y espacios abiertos crea una atmósfera acogedora y pacífica. Inspirado en la forma de un cedro con dos ramas que se elevan hacia el cielo, el diseño simboliza el descanso y la conexión con lo esencial. Esta imagen guía una arquitectura que invita a la contemplación y al recogimiento, proponiendo un refugio donde desacelerar, desconectar y renovarse en un entorno sencillo y armonioso.