QUINTA SAN FRANCISCO

Ubicación: Castrojeriz (Burgos)

Fecha de ejecución: 2022

Fotografía: Gabriel Galíndez Abando

Cliente: Quinta San Francisco

El proyecto consistió en la rehabilitación integral y ampliación de un conjunto edificado existente, compuesto por una edificación principal y varias construcciones auxiliares, para convertirlo en un hotel rural orientado al descanso, espacio de pausa, recogimiento y descanso para los peregrinos del Camino de Santiago. El estudio se basó en la reinterpretación del conjunto existente desde la continuidad, integrando arquitectura, paisaje y memoria sin alterar su carácter histórico, abordando la sostenibilidad desde una lógica arquitectónica integrada desde el inicio del proyecto. El acceso al hotel se sitúa frente a las ruinas del antiguo convento de San Francisco, elemento histórico que define el carácter del conjunto y su relación directa con el Camino de Santiago. Desde el origen, el proyecto se concibe como un hotel de peregrino, un espacio de descanso y sosiego vinculado a la historia que discurre frente a su fachada. La recepción se diseña como un espacio contenido y claro, que articula el tránsito entre exterior e interior. No se busca monumentalidad, sino una acogida serena, coherente con el concepto del establecimiento. La relación directa con el Camino de Santiago, refuerza la identidad y el sentido del proyecto dentro de su contexto. La lectura del conjunto es clara desde el acceso, permitiendo comprender de forma inmediata la organización y funcionamiento del espacio. La materialidad empleada es sobria y cálida, generando una atmósfera acogedora y equilibrada. El mostrador y el mobiliario han sido diseñados a medida, aportando coherencia estética y funcionalidad al conjunto. La iluminación es indirecta y ambiental, favoreciendo el confort visual y realzando las cualidades espaciales y materiales. 

El jardín central constituye el verdadero eje del proyecto. La presencia de una nogalera centenaria estructura la ordenación paisajística y condiciona la redistribución arquitectónica. Las 21 habitaciones se reorganizan para volcarse hacia este espacio, generando una experiencia interior vinculada al paisaje. La intervención paisajística recupera la huella del antiguo pozo del monasterio e introduce una fuente contemporánea como reinterpretación simbólica —un “nuevo pozo”— que actualiza la memoria del lugar. El volumen principal que alberga el salón y las zonas de estar se transforma mediante el rasgado y ampliación controlada de los huecos. Esta operación permite permeabilizar las fachadas y establecer una relación directa entre interior, ruinas y jardín. El salón funciona como espacio social del hotel, abierto visualmente al exterior pero resuelto desde la contención formal y la calidez material. En estos espacios destaca el uso de madera natural y acabados minerales, pavimentos continuos de alta resistencia y mobiliario diseñado específicamente para el proyecto. Las 21 habitaciones del hotel se conciben desde la idea de recogimiento y descanso. Todas cuentan con baño propio y se abren hacia el jardín central, garantizando iluminación natural y vistas al espacio vertebrador del conjunto. El diseño interior prioriza la sencillez, la funcionalidad y la calidad material, evitando elementos decorativos superfluos y apostando por soluciones duraderas y coherentes. Todas las habitaciones cuentan con baño en suite, lo que garantiza mayor privacidad y comodidad para los usuarios. La orientación hacia el jardín central favorece la iluminación natural y las vistas, generando una atmósfera tranquila y agradable. El mobiliario fijo ha sido diseñado a medida, integrándose de forma armónica con la arquitectura y optimizando el espacio disponible. Los revestimientos combinan acabados minerales y madera natural, aportando calidez y una estética atemporal. La iluminación es cálida y regulable, permitiendo adaptar el ambiente a diferentes momentos y necesidades. Además, se ha prestado especial atención a la optimización acústica y al confort térmico, asegurando una experiencia confortable en todo momento.

La zona wellness se concibe como un espacio de recuperación física y descanso profundo, alineado con el concepto original de hotel de peregrino. Se organiza en torno a sauna seca, baño turco, duchas y camas calientes, configurando un recorrido térmico pensado para la regeneración muscular tras la jornada de Camino. El espacio se abre visualmente hacia la nogalera centenaria a través de una gran cristalera, estableciendo una relación directa entre interior y jardín. La experiencia térmica se acompaña así de una experiencia visual serena, donde el paisaje actúa como elemento calmante y estructurador. En el exterior, integrado en el jardín y próximo al acceso, se incorpora un pediluvio al aire libre, concebido específicamente para refrescar los pies de los peregrinos. Este gesto funcional refuerza la identidad del hotel y su vínculo con el Camino.

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