En el corazón histórico de Vic, junto a la Plaça Major, un espacio singular se transforma en un restaurante donde patrimonio, diseño contemporáneo y experiencia sensorial conviven en un mismo relato. La intervención parte de un hallazgo arqueológico aparecido durante las obras, convertido en el elemento vertebrador del proyecto y en parte activa de la experiencia del usuario.
Lejos de ocultar los restos, el proyecto los incorpora como protagonistas mediante un pavimento de vidrio transitable que permite contemplarlos de forma permanente. Esta decisión establece un diálogo directo entre pasado y presente, reforzado por una propuesta lumínica específica con tecnología RGBW, capaz de generar distintas escenas a lo largo del día y modificar sutilmente la percepción del yacimiento.
La configuración longitudinal y estrecha del local, de 69 m², supuso uno de los principales retos de la intervención. La barra se integra estratégicamente en la zona de paso y aprovecha el espacio bajo la escalera, liberando el resto de la planta para el uso principal del restaurante. Los servicios se sitúan al final del recorrido, una decisión que ayuda a potenciar la percepción de amplitud y la fluidez interior.
La selección de materiales responde a una actuación respetuosa con la arquitectura existente. Los paramentos originales se recuperan mediante acabados minerales a la cal, mientras que los muros de piedra y ladrillo dejan visibles las distintas capas históricas del edificio. El pavimento continuo de hormigón actúa como base neutra, la madera recuperada en los techos aporta calidez y confort acústico, y los espejos con acabado bronce amplían visualmente el espacio mediante reflejos y profundidad.
La iluminación tiene un papel esencial en todo el proyecto, desde las líneas suspendidas del acceso hasta las escenas regulables que acompañan los distintos momentos del día. En conjunto, L’Arc transforma un espacio oculto durante siglos en una experiencia contemporánea donde luz, materia e historia dialogan de forma permanente.