Un espacio rectangular y contenido sobre un sótano inesperado da origen a este proyecto en Madrid, concebido desde la pausa y la escucha. La geometría del local, su carácter íntimo y la presencia de un patio interior como corazón del conjunto inspiran una intervención donde cada estancia se descubre poco a poco, sin estridencias y con una narrativa marcada por el nombre del local.
La planta calle acoge la zona de restaurante, definida por una paleta sobria y una arquitectura serena. El acceso discreto introduce al visitante en una primera estancia a modo de vestíbulo, donde la moqueta diseñada por el estudio, el roble oscuro, los espejos en tono bronce, la piedra Amarula y los textiles construyen una atmósfera cálida y silenciosa. En el restaurante, el suelo de resina en alto brillo negro chocolate, las paredes en tonos oscuros y el mobiliario diseñado a medida refuerzan una experiencia contenida y envolvente.
Al fondo, la barra de mármol Rosso Levanto y travertino actúa como pieza escultórica y remate visual de la sala, con un detalle de ónix retroiluminado para la zona de copas, espejos inclinados y baldas de vidrio. La zona de mesa larga incorpora un mueble vajillero lacado en rojo, mesas diseñadas en acero, sillas escultóricas y piezas decorativas que introducen contraste dentro de la sobriedad general. Las bancadas, butacas y mesas de piedra Crema Denia y Negro Marquina completan una sala pensada desde la proporción, la textura y la luz.
El baño de la planta superior funciona como una pieza introspectiva dentro del recorrido. Las paredes alicatadas en damero antracita, el lavabo de piedra Negro Marquina, la luz de vela y una réplica del grabado Chitón de Goya sustituyendo al espejo convencional invitan al visitante a detenerse y comprender el origen conceptual del proyecto.
Una embocadura de piedra Amarula marca el descenso hacia el sótano, donde aparece la segunda cara del local: un club cálido y nocturno. La escalera, la galería y las salas inferiores se envuelven en moqueta color caldero, paredes en tono borgoña, embocaduras de acero inoxidable y piedra Rosso Levanto. El patio interior se convierte aquí en núcleo estructural y emocional, alrededor del cual se organizan estancias conectadas que invitan a circular, detenerse y descubrir el espacio desde distintas perspectivas.
En la planta inferior, las salas combinan bancadas de terciopelo borgoña, pufs con telas de Zinc y Nobilis, mesas de acero con detalles en rojo, apliques diseñados a medida y piezas vintage. Los baños en torno al patio se conciben como una estancia social más, con lavabo monolítico de piedra Amarula en forma de rombo, puertas de espejo y un banco alicatado revestido en pan de plata. La barra del club, realizada en piedra Rosso Levanto y tapizada en la misma moqueta del suelo, prolonga la atmósfera envolvente de un espacio pensado para la noche.
El resultado es un restaurante y club donde la arquitectura no se impone, sino que acompaña. Chitón construye una experiencia que transita entre el día y la noche, entre la serenidad del restaurante y la intensidad contenida del club, cuidando cada visual, cada material y cada gesto para crear un espacio íntimo, sofisticado y memorable.