Saeraul está ubicado en Yeonhui-dong, Seúl, un barrio lleno de tranquilas casas tipo mansión que parecen jardines apacibles en medio del bullicio de la ciudad. A lo largo de los serenos callejones, muchas de estas casas han sido transformadas suavemente en cafeterías y espacios comerciales con tonos cálidos de madera. El estudio quería ofrecer un espacio que transmitiera una atmósfera diferente y contenido único, por lo que el punto de partida del diseño fue esta sensación de descanso dentro de una mansión. El nombre ‘Saeraul’ es una combinación de “saera” (una palabra coreana pura que significa ‘nuevo’) y “ul” (que significa ‘cerca’), y transmite el significado de “una cerca nueva y reconfortante” para todos los que la visitan.
Las paredes de hormigón envejecidas, marcadas por el paso del tiempo, y la textura áspera de los materiales antiguos reflejan la larga historia del edificio desde sus orígenes hasta el presente. Sin dañar el carácter original de la vieja casa, se le dio nueva vida a la estructura. Al atravesar la puerta principal en la primera planta, aparece un patio que inunda de luz todo el espacio. Desde el sótano se eleva densamente el bambú, ofreciendo una vista refrescante. Sentado en la terraza del entresuelo, se puede oír el suave sonido del bambú meciéndose con el viento mientras se despliega la experiencia espacial en torno al patio. Al seguir el pasillo, se descubre un amplio salón con un techo alto y elevado. En un lateral, un objeto artístico de nácar blanco cuelga como una gran cortina, reflejando la luz desde distintos ángulos a lo largo del día. Interactúa suavemente con el resplandor de una chimenea cercana. Desde el sofá central, se escucha ocasionalmente el delicado y fresco sonido del nácar entrechocando, creando un ambiente emocional y sereno que invita al descanso.
Al salir al jardín delantero se revela una variedad de árboles y plantas exuberantes, junto con un elemento de agua reflejante teñido de tonos verdes. Esta interacción entre la luz solar suave y la vegetación vibrante genera una experiencia sensorial apacible. En el patio del sótano, el agua brota del suelo en ondulaciones circulares que reflejan la luz. En el segundo piso, una mesa ofrece vistas al patio, al bambú y al salón inferior. Este punto de vista permite una nueva perspectiva de lo vivido en los niveles inferiores. Cada habitación incluye una terraza con un pequeño jardín, brindando un lugar para contemplar el hormigón envejecido y la naturaleza desde cualquier punto dentro de la mansión, creando un ambiente silencioso y reparador.