Por Gala Mora
“Todas mis películas son acerca de mundos extraños, mundos a los que nunca podrías ir a menos que los construyas y los reproduzcas”. Puede que el estudio Stone Designs se tomara esta frase de David Lynch como un reto. O puede ser simplemente que tengan la sensibilidad suficiente como para ser capaces de bucear en la magia de los inquietantes escenarios que dibujaba el genial director de cine en sus películas. Sea como fuere, ha sido él, su estética, su particular visión, su densidad y sus juegos de contrastes los que han inspirado al estudio madrileño a la hora de afrontar el diseño del hotel Tribe Krakow para Esendi, en el corazón de Cracovia.

“La teatralidad, los colores saturados, la sobreestimulación espacial y de elementos, es algo que en este hotel nos invita a descubrir cada rincón, buscando siempre ese “algo más” que a día de hoy todos los visitantes desean encontrar”, explica el estudio. La marca Tribe se aleja mucho de intentar buscar ese efecto “wow”, por el contrario, “se centra en generar una atmósfera que sin duda sorprenda, llena de sabor y sofisticación, donde cada visitante se convierta en una pieza fundamental de la película que este Tribe orquesta cada día”.
Un homenaje visual desde la iluminación y la densidad del espacio
Uno de los elementos más determinantes del proyecto es la iluminación. El estudio ha trabajado una luz escenográfica, puntual y dirigida, que dramatiza los espacios y pone el foco sobre el mobiliario y el arte, generando un contraste marcado entre áreas iluminadas y otras en penumbra.

El objetivo, como explican, es generar una atmósfera densa, como si cada rincón fuera un fragmento de un escenario cinematográfico. Las luminarias, que aparecen suspendidas o embutidas en techos y paredes, destacan piezas concretas: mesas, esculturas, cortinajes o cuadros. Entre estos últimos, algunas obras de artistas polacos contemporáneos completan la escenografía interior.
El juego de sombras refuerza esa sensación teatral que el estudio buscaba. A través de una iluminación baja y de acento, los volúmenes adquieren profundidad y las texturas se intensifican: terciopelos, lanas, metales satinados o mármoles con veta se suceden en un relato visual y táctil. En zonas como el comedor principal o los salones comunes, las luces cálidas crean ambientes recogidos que invitan a la pausa. Todo está milimétricamente calculado para sugerir y no mostrarlo todo de golpe.

Materiales expresivos y geometría en clave cinematográfica
La elección de materiales y colores responde también a esa búsqueda de una atmósfera compleja y sugerente. La paleta se compone de tonos saturados —rojos intensos, mostazas, verdes oliva, azul noche— que dialogan entre sí en cada estancia. El terciopelo es uno de los grandes protagonistas, presente en sofás curvos, respaldos murales o asientos de las zonas comunes. La moqueta, que recorre buena parte de los suelos, acentúa aún más el carácter envolvente del espacio y refuerza el confort acústico. Uno de los recursos más llamativos es el uso del patrón en zigzag en suelos y paredes, una alusión directa al imaginario visual de Twin Peaks, con sus célebres secuencias oníricas y suelos geométricos. El contraste entre superficies brillantes y mates, duras y blandas, forma parte del relato espacial. Los revestimientos murales combinan madera oscura con paneles tapizados y estanterías retroiluminadas, en una coreografía pensada para crear ritmo visual sin saturar.

Espacios sociales, circulación fluida y detalle escenográfico
La planta baja del hotel se organiza en torno a una zona lounge que se va expandiendo en diferentes ambientes: una cafetería con barra central, salones informales con mobiliario de distintos tipos, espacios para trabajar y rincones más íntimos delimitados por estanterías o cortinas gruesas. La circulación es fluida, pero cada área mantiene su identidad gracias a los elementos de diseño que la definen. En una de las zonas, por ejemplo, un conjunto de sillas amarillas con respaldo cilíndrico y mesas negras contrasta con el fondo azul del suelo y las lámparas doradas suspendidas a distintas alturas.
Las estanterías abiertas que dividen el espacio —a veces con objetos de cristal coloreado, otras simplemente vacías— funcionan como elementos permeables que permiten mantener la conexión visual. Esta solución equilibra la sobreestimulación con la organización funcional del hotel, que, pese a lo exuberante de su estética, mantiene una lógica operativa clara.

Bar y restaurante: curva, color y energía
El restaurante y el bar forman un núcleo especialmente expresivo. La barra de formas redondeadas y revestida en madera oscura se convierte en centro gravitacional del espacio. A su alrededor, sillas altas en tonos morados, mesas negras y luminarias de diseño marcan el carácter nocturno del ambiente. El rojo de los cortinajes —presente en buena parte de las paredes— aporta dramatismo y recuerda las cortinas del teatro o del cine clásico. En el comedor, las banquetas curvas tapizadas en amarillo y los respaldos verticales generan una sensación de cabina escénica, como si cada mesa fuese una escena en sí misma.
El mobiliario combina modelos contemporáneos con referencias mid-century modern, todo con un mismo criterio: potenciar el impacto visual sin renunciar a la comodidad. Las mesas circulares, los respaldos tapizados con costuras en zigzag o los apliques dorados completan el entorno.

Habitaciones, pasillos y la extensión de la narrativa
En las habitaciones, el color sigue siendo protagonista, pero en una clave más íntima. Dominan los tonos azulados en paredes y techos, con acentos en verde oliva o mostaza, y textiles que prolongan la paleta del resto del hotel. Las cabeceras tapizadas, los apliques metálicos y las lámparas colgantes mantienen la línea estética general, aunque con una iluminación más suave. Una mesa sencilla y una silla tapizada configuran el rincón de trabajo, mientras que el arte gráfico —en este caso más pop— se sitúa en puntos estratégicos para reforzar la identidad del espacio.

En los pasillos, la moqueta en tonos claros con líneas diagonales dirige la vista hacia los números retroiluminados de las puertas. Las paredes, revestidas en rojo oscuro, intensifican la atmósfera y acentúan la sensación de estar atravesando un espacio narrativo más que un simple corredor de hotel. ¿Encontraremos en este hotel la respuesta de quién mató a Laura Palmer? No lo sabemos, pero seguro que a David Lynch, le encantaría alojarse aquí.