El diseño, como estrategia de negocio, es un motor que impulsa diferenciación, rentabilidad y sentido, elevando la experiencia del huésped y la salud del proyecto en su conjunto. El objetivo es alcanzar la excelencia no solo en la experiencia del cliente, sino también en la rentabilidad del negocio, tal como nos explica Daniel Mayo, fundador y CEO de Vivood Hoteles. Su modelo se centra en aportar valor y felicidad al cliente en cada interacción, redefiniendo el lujo como una experiencia auténtica, responsable e inspiradora. Y todo esto no se puede lograr sin la creación de espacios frescos e inesperados, tal y como hace Gabriele Schiavon desde Lagranja Design, conectando ideas, disciplinas y sentidos. La creatividad florece en la intersección entre lo funcional y lo poético. Ricard Trenchs, fundador de Trenchs Studio, nos muestra con varios ejemplos, cómo el diseño puede aumentar la rentabilidad del negocio, permitiendo incrementar el precio de la habitación así como potenciar el consumo en las áreas de F&B. Entrelazando innovación y propósito, aparece la paradoja hotelera que propone Álvaro Mesonero-Romanos: crear espacios que funcionen con precisión y, al mismo tiempo, emocionen con empatía. Y para finalizar, mirando al futuro junto al CGCODDI (Consejo General de Colegios Oficiales de Decoradores y Diseñadores de Interior), la llamada es clara: solo un proyecto de interior robusto, consciente de sus objetivos, puede diseñar los hoteles de mañana —espacios que habiten historias, conecten personas y generen valor duradero para todos; tal como nos cuentan Loli Moroño (PF1 Interiorismo), Pepe Cosín y Jordi Cuenca (Verum Hotel Development) en la mesa redonda que protagonizaron.




